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Historia verídica de superación a la intolernacia al huevo

2 Jul

Cómo superé mi alergia al huevo

Artículo sacado de el periódico El Mundo, en el podréis leer otra experiencia de otra madre, que al igual que yo, ha sufrido la lucha diaria por controlar el bienestar de su hija. Seguro que os habrá pasado algo muy parecido.

 

Hemos pasado cuatro largos meses de tratamiento, pero han merecido la pena. Mi hija, M.C.M., se ha portado como una auténtica campeona. Ha resistido sin rechistar los dos días por semana de hospital, las constantes reacciones de su terapia, la incertidumbre sobre si ésta funcionaría… y el temor de sus padres a que sufriera una reacción grave en casa, sin un médico al lado. Tiene nueve años y es alérgica al huevo. Cuando tenía nueve meses y lo probó por primera vez tuvo una reacción: Su piel se llenó de ronchas y comenzó a toser. Es asmática. Desde entonces no ha probado ningún alimento que contenga huevo o trazas de este alimento. Hasta hoy.

“Me encantan las magdalenas, no sabía que estuvieran tan ricas”, comenta mi hija, entusiasmada. Magdalenas, filetes empanados, croquetas, tartas de cumpleaños… Ahora puede disfrutar de muchos alimentos que antes no entraban en su dieta. Todo gracias a un tratamiento: la inducción de tolerancia oral (IOT) o desensibilización que ha seguido en el Servicio de Alergia del Hospital Clínico San Carlos, de Madrid.

La alergia al huevo es, junto con la de la leche, la más frecuente. Según diferentes estudios pueden llegar a afectar al 1,7% de la población, en el caso de la leche, y hasta al 7,5%, en el del huevo. Ser alérgico a estos productos implica tener que seguir dietas muy restrictivas pero, sobre todo, tener un elevado riesgo de reacciones (síntomas cutáneos, respiratorios, digestivos o anafilaxia) por su ingesta o por entrar en contacto accidental con el producto.

A M. le ha pasado. “Un día mi abuela estaba friendo filetes empanados con huevo para mis hermanas y sin querer dio la vuelta a mi carne, que se estaba haciendo en otra sartén, con el mismo tenedor que estaba usando para los rebozados… Cuando me comí el primer trozo, ya empecé a ponerme mala”, relata.

Conseguir un tratamiento para eliminar las alergias es importante, manifiesta Teresa Boyano, alergóloga infantil del Hospital La Paz de Madrid, porque los descuidos pueden ocurrir en cualquier momento. “He visto una reacción alérgica en la cara de un niño porque su madre había comido galletas y luego le había dado un beso, o porque no ha caído en que determinado alimento lleva trazas de huevo, por ejemplo, las gulas que llevan albúmina de huevo, lo mismo que las patatas fritas congeladas”. 

Hace cuatro meses, M. comenzó la IOT en el Hospital Clínico. Allí le esperaba la doctora Mónica Rodríguez Álvarez. “La terapia diseñada para el tratamiento de la alergia alimentaria consiste en administrar dosis crecientes del alimento, bajo supervisión médica, hasta alcanzar la tolerancia a dosis completa (un huevo completo o 200 ml en el caso de la leche), es decir, que el paciente tome el alimento sin presentar reacción. La administración se realiza de forma controlada dando dosis progresivamente crecientes en días sucesivos hasta alcanzar la tolerancia”, afirma la especialista.

Paso a paso

Existen diversos protocolos para la desensibilización en varios hospitales de la capital y en el resto de España. El del Clínico se lleva a cabo de forma ambulatoria. Durante la primera semana de tratamiento acuden de lunes a jueves para recibir dosis crecientes del alimento (hasta cuatro diarias) que se administran cada 20 minutos.

“Dormía en casa de mis abuelos la noche anterior a la consulta porque me llevaban ellos y había que levantarse muy pronto. Mis padres trabajan y sólo pudieron venir conmigo unos pocos días. Cuando llegaba me tomaban la tensión y la saturación de oxígeno [oxígeno transportado por la hemoglobina en el interior de los vasos sanguíneos], también me auscultaban y, si todo estaba bien, me daban un vasito con batido de chocolate y clara de huevo. Esperaba 20 minutos para tomarme el segundo vaso, así varias veces. Luego tenían que pasar dos horas para desayunar. Mientras tanto jugábamos a la nintendo todos juntos: A., A., Á., Cl. y M., también pintábamos y leíamos cuentos”. A M. lo que más ‘rabia’ le da de ser alérgica al huevo no es el miedo a una posible reacción o tener que leer todas las etiquetas de los productos, sino “no saber a qué sabe el huevo”, comenta.

Una vez superada esta fase, el niño debe acudir de nuevo dos días en semana al hospital para recibir una dosis única de huevo, que va aumentando según la tolerancia. “Hubo días que sí me dio reacción. Alguna vez vomité y también me tuvieron que poner un aerosol con medicación porque soy asmática y no podía respirar, pero no me importó, sólo quería que terminara el tratamiento y poder comer todo lo que quisiera”. Cuando se produce una reacción durante los aumentos de las dosis se administra medicación para controlar los síntomas.

Seis meses más

Los días que no iba al hospital, M. tomaba en casa la dosis establecidas por el médico, con el fin de mantener dicha tolerancia. Tras cuatro meses, ya puede consumir alimentos que contengan huevo (bizcocho, mahonesa…) aunque le falta un último empujón para poder comer una tortilla o un huevo frito.

“Estará seis meses ingiriendo en casa 33 mililitros de clara de huevo (lo que corresponde a un huevo crudo completo) mezclada con 33 mililitros de batido de chocolate y comiendo alimentos que contengan huevo, además de su medicación correspondiente. Pasado ese plazo, acudirá al hospital donde se le administrará el primer huevo entero”, insiste Rodríguez Álvarez.

La desensibilización al huevo o a la leche “es un procedimiento en fase experimental que se está aplicando en varios hospitales. Aunque hay mucho ruido mediático, de momento sólo es experimental”, declara la doctora Boyano. Pese a ello, “en la mayoría de los trabajos publicados, la tasa de éxito tras la desensibilización se encuentra en torno al 80%, sin embargo en un estudio publicado en 2008, en el que se incluyeron únicamente pacientes con elevada sensibilización, la tasa de éxito descendió hasta el 36%. Esto lleva a pensar que en las personas con alergia grave, este tratamiento fracasa en un elevado porcentaje de casos”, recuerda Rodríguez Álvarez.

A largo plazo

Pese a estos datos, “hasta el momento actual, nuestra experiencia con el tratamiento de desensibilización es de una tasa de éxito del 100% , para pacientes alérgicos a la leche y del 93% para los alérgicos al huevo”. En este servicio, cuentan con datos de seguimiento a pacientes de 12, 24 y 36 meses que confirman que manteniendo la ingesta diaria del alimento, dos o tres veces por semana, la tolerancia se mantiene.

No obstante, la especialista del Clínico advierte de que “es un tratamiento que debe realizarse en centros que reúnan las condiciones necesarias, medios técnicos suficientes y con personal entrenado en el control y tratamiento de las reacciones alérgicas en el caso de que estas se produzcan. Además, son necesarios más estudios para establecer si la IOT produce curación a largo plazo entendida como tolerancia persistente sin ingesta regular del alimento”, agrega.

A M. sólo le quedan unos meses por delante para tener el alta hospitalaria. Cuando llegue el momento, en el mes de agosto, tomará bajo supervisión médica su primer huevo entero, en forma de tortilla, huevo duro o frito. Si ‘supera la prueba’, podrá añadir el alimento a su dieta como cualquier niño no alérgico.

“Para mantener la tolerancia, el paciente debe continuar tomando al menos 200 ml de leche al día (un vaso de leche al día) o un huevo entero al menos tres veces en semana, lo que equivale desde nuestro punto de vista a una normalización de la dieta“, concluye la doctora Rodríguez Álvarez.

ALERGIA A LAS PROTEÍNAS DEL HUEVO

6 Mar

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La alergia al huevo es una reacción adversa en relación con la ingestión de huevo. Se presenta cuando el organismo produce un anticuerpo, la IgE (inmunoglobulina E) dirigida contra una sustancia que actúa como alérgeno, en este caso el huevo.

CLÍNICA

La introducción pautada de este alimento hace que la clínica y frecuencia sea máxima entre los 6 y los 12 meses de vida, aunque hay niños sensibilizados al huevo previamente a su introducción por contactos inadvertidos o por la exposición a las proteínas del huevo a través de la leche materna.

Los síntomas más frecuentes pueden ser reacciones cutáneas seguidos de síntomas gastrointestinales agudos y respiratorios, e incluso en los casos más graves una reacción generalizada de anafilaxia (reacciones anteriores junto con hipotensión, colapso vascular y disrritmias cardiacas). En algunos casos de niños con dermatitis atópica se ha relacionado la alergia con una exacerbación de la dermatitis. Una descripción más detallada de los síntomas se puede ver en

Manifestaciones clínicas

Tanto las proteínas de la clara como de la yema pueden actuar como aeroalergenos y provocar asma.

En algunos pacientes, el contacto con el huevo puede provocar urticaria, a pesar de tolerar su ingestión. Así mismo, hay pacientes que toleran la yema cocida, y sin embargo reaccionan a la ingesta de la clara debido a los diferentes alergenos existentes en la yema y en la clara, y que se describen más adelante.

Estas reacciones suelen ser inmediatas y aparecer dentro de la primera hora tras la ingestión.

PREVALENCIA

El huevo es la causa mas frecuente de alergia alimentaria en niños. Suele aparecer antes de los dos años de vida y desaparece en los primeros 6 años. La prevalencia estimada de la alergia al huevo según las fuentes oscila entre 0.5 % y el 2 % de la población infantil, aunque la sensibilización según pruebas cutáneas y laboratorio puede alcanzar el 5%.

En general la población más afectada son menores de 5 años. El huevo es junto con la leche, el alérgeno que con mayor frecuencia se encuentra implicado en los pacientes con dermatitis atópica, síntomas digestivos y patología respiratoria asociada por inhalantes.

Según estudios publicados se habla de obtención de tolerancia de un 55% con una edad media de 6 años.

Mediante prueba de provocación se ha visto que el huevo cocido es menos alergénico que el crudo, siendo práctica habitual provocaciones por separado de clara cocida y clara cruda. Muchos niños toleran el huevo cocido introduciéndose en su alimentación , permaneciendo su alergia a huevo crudo.

Según diversos estudios la reactividad al huevo es un marcador de riesgo de sensibilización a aeroalergenos y desarrollo de rinitis y asma a partir de los 5 años de edad, siendo mayor la incidencia si se padece dermatitis atópica.

ALÉRGENOS

En general, los alérgicos al huevo reaccionan principalmente a la ingesta de la clara. Aunque la yema de huevo tiene diversas proteínas, la clara contiene los alérgenos mayores. Los alérgenos mayores son:

CLARA:

  • Ovomucoide 11%
  • Ovoalbúmina 54%
  • Ovotransferrina o conalbumina 12%
  • Ovomucina 1,5%
  • Lisozima 3,5 %

Además se han aislado hasta 24 fracciones, aunque se desconoce la capacidad antigénica de la mayoría.

El Ovomucoide es la proteína más importante como causa de reacción alérgica posiblemente a su mayor resistencia al calor y a la acción enzimática digestiva.

La Ovotransferrina y la Lisozima son menos estables al calor y resultan alergenos más débiles.

YEMA: Se encuentran tres fracciones proteicas principales:

  • Gránulos
  • Livetinas
  • Lipoproteínas de baja densidad.
  • La a-livetina o albúmina sérica está presente en plumas, carne y huevo de gallina, lo que explica la aparición del síndrome ave-huevo, en el que el paciente presenta síntomas de alergia al inhalar partículas de plumas o comer huevo y carne de gallina.

Existe reactividad cruzada entre proteínas de la clara y de la yema, y entre huevos de distintos pájaros (gallina,pavo,pato).

DIAGNÓSTICO

La realiza el alergólogo por medio de la historia clínica, pruebas cutáneas con la técnica prick-prick (con alimento fresco), pruebas serológicas (IgE específica en sangre) y pruebas de exposición (ingesta del alimento en cuestión), que deben realizarse siempre en condiciones controladas por posibles reacciones de intensidad no predecible.

La prueba de exposición no debería llevarse a cabo en niños menores de dos años con síntomas inmediatos cutáneos, digestivos y/o respiratorios que hubieran ocurrido en las 2 primeras horas tras la ingestión de huevo y con pruebas cutáneas positivas con la clara de huevo.

Según los estudios actuales, se recomienda el seguimiento de la evolución de las pruebas cutáneas y de laboratorio frente a las proteínas de huevo cada uno u dos años para conocer el grado de sensibilización y programar pruebas de provocación si el alergólogo lo considera para evaluar la posible instauración de tolerancia.

TRATAMIENTO Y CONSEJOS

El único tratamiento actual de la alergia al huevo es evitar su ingestión y los alimentos que lo contienen mediante una dieta de exclusión estricta.

Puede encontrarse huevo o sus proteínas en productos de pastelería o bollería en general, pan, pastas, fiambres, patés, embutidos, sucedáneos de huevo, caramelos, helados, cremas, flanes, quesos, gelatinas, consomés, sopas, algunas margarinas y salsas.

Algunos cereales de desayuno, cafés cremosos y también algunos vinos y cervezas aclarados con clara de huevo.

El huevo puede estar oculto en otros alimentos como elemento secundario y en pequeñas cantidades no declaradas ni percibidas de entrada por el paciente, al utilizarse por sus propiedades como emulsionante, abrillantador, clarificador o simplemente como puede aparecer como contaminante en los útiles de cocina o en el aceite en el que se haya cocinado previamente huevo.

Las proteínas de huevo deben aparecer en las etiquetas de los alimentos como: albúmina, coagulante, emulsificante, globulina, lecitina o E-322, livetina, lisozima, ovoalbúmina, ovomucina, ovomucoide, ovovitelina, vitelina o E-161b (luteína, pigmento amarillo).

No hay que olvidar que existe reacción cruzada entre las proteínas de la clara y yema, y también entre huevos de diversos pájaros (gallina, pato, pavo, gaviota, codorniz).

Es necesario prestar atención a productos cosméticos (jabones, geles, cremas, champús).

Pequeñas cantidades de huevo pueden contaminar los utensilios de cocina y no debe utilizarse para el paciente el mismo aceite en el que se haya cocinado previamente huevo.

Algunos medicamentos, preparados vitamínicos o gotas nasales contienen lisozima y en algunos inductores anestésicos se encuentran otros derivados del huevo.

Es conocido el riesgo de posible presencia de pequeñas cantidades de proteínas de huevo en las vacunas víricas cultivadas en embriones de pollo. El riesgo de reacción adversa es muy bajo y existen protocolos para garantizar la seguridad en la administración de la vacuna triple vírica con los extractos convencionales.

Se recomienda siempre limitar al máximo el consumo de productos industriales.

También es muy recomendable que el alérgico porte, en un brazalete, pulsera o chapa identificativa, con letra clara y bien visible, su calidad de alérgico y a qué alimento en concreto lo es.

Se debe consultar al médico especialista la conveniencia de llevar adrenalina autoinyectable (ADREJECT), y que paciente, familiares y cuidadores tengan el entrenamiento necesario para su administración.

Se debe advertir siempre al médico y al farmacéutico la condición de alérgico y, aún así, ante cualquier medicamento, se debe leer cuidadosamente el prospecto en el apartado de composición.

Artículo sacado de AEPNAA, Asociación Española de Alérgicos a Alimentos y Látex.